lunes, 18 de noviembre de 2013

Estoy soñando. Recorrido por "El surrealismo y el sueño" en el Thyssen.





En su "Manifiesto" de 1924, Bretón decía que la intención del surrealismo era apropiarse de la realidad o sustituirla. La exposición del Museo Thyssen "El surrealismo y el sueño" demuestra esta afirmación.

Según entramos en la exposición caemos en un profundo sueño y su representación plástica.
Reconozco que apenas entré me encontré "Objeto que sueña" de Brauner, así que ya estaba totalmente seducida y en sueño modo ON.

La exposición es espectacular. Desde el contraste con la pared, obras como "Mujer en la noche" de Joan Miró, donde se ve el cuidado diseño del espacio expositivo, hasta la articulación temática plural de formas plásticas de manifestación. Diversos soportes artísticos, pintura, collage, dibujo, obra gráfica, objetos, esculturas, fotografía y cine, imprescindible para el movimiento. Yo eché de menos el teatro, aunque quizá como soñar es plástico, principalmente visual, y soñamos con los ojos, el teatro, que es más global, no entra en esta exposición.




 Por primera vez vemos a mujeres con papeles protagonistas, que pasan de ser objetos de deseo "mujer-musa", "mujer-niña", a compañeras, y adquieren gran protagonismo, mujeres con cultura y sensibilidades independientes. 


Sin el surrealismo nos cargaríamos los principales movimientos del arte moderno y también la literatura, la innovación y la búsqueda de la libertad. En el surrealismo, el sueño ya no es el vacío o el agujero de la consciencia, es el otro lado.
No es sólo un movimiento artístico, es una actitud ante la vida, transmite libertad, juego, la vida vivida en plenitud, innovación y creatividad. Su mensaje es la liberación completa del deseo, lo que vemos llegará a ser y se ve apoyado por las ensoñaciones de la huida, el refugio y el erotismo hacia el placer sexual, liberación del deseo y del espíritu.

Leonora Carrington, El templo de la palabra, 1954

Nos ayuda a "extrañarnos", a ser creativos, a entrar en divergencia, a volver a mirar con otros ojos lo que tenemos en frente.

El final de la exposición nos devuelve al realismo, la mujer tocándose el cabello es una ensoñación que nos devuelve a la realidad con un toque de libertad adquirida.


Las imágenes son de aquí

Objeto que sueña
El templo de la palabra 

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